Acerca de “Esculpir en el tiempo”

Me acerqué a “Esculpir en el tiempo” un poco por curiosidad, y otro poco por querer conocer la obra de Tarkovski. Porque, a decir verdad, hasta el momento que escribo esto, no presté casi atención al autor ni a sus obras.

Comencé, como decía, por varios motivos. Pero sobre todo por imposición propia. De manera académica o por mera instrucción, suelo forzar el comienzo de algunas lecturas. Algunas perduran y llegan a su fin, dejándome algo, y otras terminan guardadas con la excusa del olvido. Este libro en particular lo consideré entre los académicos. Y al comenzar a leerlo no sentía que llegaría a conectarme del todo, ya que el autor se apoya en las películas que realizó, de las cuales tan sólo conozco fragmentos aislados y, algunos, ni sabia que pertenecían a el.

La cuestión es que a medida que avancé con la lectura, fue convirtiéndose en uno de los libros de mi lista de imprescindibles. Comparto sin dudas y sin miedo a equivocarme (mis declaraciones públicas me preceden) varias de las declaraciones y observaciones sobre el cine (aplicadas en particular sobre el cine de eventos). Obviamente, no podría emparentarme ni remotamente con una persona como Tarkovski.

Después de escribir sobre el montaje, la filosofía, el sonido, y reflexionar sobre los significados no ocultos en sus películas, siento haber participado en una extensa conversación con el. Charla en la que comparto y me asombro ante su extraordinaria y concreta manera de ver el mundo a través del arte, y sobre el hombre en general y particular. Principios que quedan sobradamente claros al terminar de leer el epílogo.

Me siento en la necesidad de hacer un comentario aún más personal de lo escrito anteriormente. Y es que a medida que avanzaba el libro, he iba pasando del tedio de leer sobre películas que no había visto sobre las que tenía que ir creando imágenes mentales para no perder el hilo, el libro comenzó a tornarse cada vez más interesante. Coincidió la lectura con un movimiento interno durante el cual empecé a investigar y realizar prácticas de botánica con el fin de obtener plantas de verduras. Una práctica que durante años no me había más que dado curiosidad. Antes de terminar el libro había empezado a leer y documentarme sobre la producción de energías alternativas basadas en combustible orgánico, lo que me llevó a pensar el papel que desempeñamos en la sociedad consumista, consumiendo sin devolver nada más que dinero para seguir alimentando un sistema que depende, a su vez, de una naturaleza que se encuentra siempre al borde del colapso. Y hacia el final, Tarkovski, habla acerca del rol del ser humano en la sociedad. Fue como una proyección, o una búsqueda implícita reflotada por la lectura. Sintetizando, el libro fue más que sólo una lectura acertada e instructiva sobre cine. Fue también una reflexión interna acerca de cómo se vive.

Una obra de arte, como sus películas, reservada para cineastas o amantes del cine que estén realmente interesados en el cine como expresión artística. Pero sobre todo, y remarcó el “sobre todo”, para videógrafos, quienes creo se van a sentir más cerca de la filosofía y obra de este gran cineasta.

Andréi Tarkovski , “Esculpir en el tiempo” (Título original: Die versiegelte Zeit. Gedanken zur Kunst, Ästhetik und Poetik des Films).

Cambiar (otro) paradigma: los detalles / Montaje

Y a pesar de repetir y declarar que “todo evento es único”, cuando llegaba el momento de bajar el material para empezar a editarlo, me encontraba, entre otras cosas, con lo de siempre: maquillaje, zapatos, vestidos, sacos, corbatas o moños, manos ayudando… pero: donde estaban los detalles que convertían en único a ese evento?. Porque todos podemos tener algo de eso que vemos, o los zapatos, o el moño o corbata, o tiradores o saco…

Me dí cuenta, no por deducción propia debo reconocer, que los detalles que debía buscar eran las voces, o los tics de la gente. Eso es, en última instancia, lo primero que se pierde, se borra o a lo cual nos acostumbramos tanto que, cuando faltan, nos damos cuenta del vacío que nos ha dejado esa persona a quien correspondía.

Entonces, cambiar de paradigma nuevamente. Y cambiar para bien. Dejar un poco de lado los detalles “de consumo”, en pos de capturar los detalles mas personales como las conductas, o la manera de hablar, por ejemplo.

Alejandro Calore (www.realnshort.com) escribío cierta conversación alguna vez, durante el maravilloso 29 de septiembre del 2016:

Hace un tiempo sostuve una interesante conversación con la esposa de un videógrafo sobre la cinematografía de bodas. Fue una lección de sentido común que aún me hace reflexionar.

Ella decía:

“… a mi no me interesa ver cuando maquillan a la novia, o cuando el novio se pone el saco, o se lustra los zapatos. Yo quiero escuchar la voz del papá de la novia, ver a la abuela caminando con dificultad, ver los portarretratos con fotos familiares.

Estoy cansada de ver siempre las mismas cosas anónimas en todos los matrimonios. ¿Quién inventó esa moda? Es como si ustedes trabajaran para una Empresa de stock de Imágenes”.

Simple y claro.

Da mucho en que pensar.

Base aerea / Serie fotográfica

Sábado temprano. Con algo de frío pero felices de poder salir un poco al sol. La base aérea militar de Morón realizó una exhibición (vaya uno a saber de que ya que escribo este post al menos cuatro años después), y junto a un grupo de fotógrafos realizamos la cobertura del evento (y también nos dimos una vuelta por el hermoso museo aeronáutico del lugar).