Confitería Del Molino / Parte 1 / Serie fotográfica

Con motivo de la decimoquinta edición de La Noche de los Museos, el edificio, ícono del estilo Art Nouveau porteño y Monumento Histórico Nacional desde 1997, El Edificio del Molino, fue presentado a la comunidad después de su cierre definitivo, 21 años atrás.

Con más de un siglo de historia, el Edificio del Molino está ubicado en la llamada Manzana Legislativa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Posee una estructura metálica, con mampostería de ladrillo como cerramiento, entrepisos de perfilería metálica con bovedilla y piezas de hormigón premoldeado en escaleras y torre-cúpula. Cada espacio presenta, según sus usos, pisos de piedra -mármoles de procedencia europea-, finos pisos de madera u ornatos pre moldeados de yeso estucado o con toques dorados.

El Edificio

  • Superficie total edificada: 6.900 m2.
  • Tres subsuelos: servicios y mantenimiento, producción de pastelería y fábrica de hielo.
  • Planta baja: venta de productos de pastelería y confitería.
  • Primer piso: salón de fiestas.
  • Cuatro pisos -del segundo al quinto-: se dividen en ala Rivadavia –dos departamentos por piso– y ala Callao –un departamento por piso–.
  • Torre: cúpula y mirador.

Los tiempos del Molino

  • 1859: Constantino Rossi y Cayetano Brenna, destacados pasteleros de origen italiano, inauguran la “Confitería del Centro”, ubicada en Rivadavia y Rodríguez Peña. En 1866, el comercio pasa a llamarse “Antigua Confitería del Molino” y, en 1905, se traslada a un nuevo local en Rivadavia y Callao.
  • 1916: El 9 de julio, en conmemoración del Centenario de la Independencia, la panadería se reinaugura como “Confitería del Molino” en un edificio que integra varias propiedades linderas y que se transformará en un ícono del Art Nouveau en Argentina, obra del Arquitecto Francisco Gianotti.
  • 1930: Durante el golpe de Estado que derrocó a Hipólito Yrigoyen, la confitería es incendiada y se cierra. La reconstrucción demanda casi un año de trabajo.
  • 1978: Se produce la quiebra comercial de la confitería y es adquirida por los nietos de Cayetano Brenna, quienes introducen una serie de mejoras para adecuarla a los nuevos tiempos.
  • 1997: La crisis empuja a la confitería a cerrar sus puertas. Es declarada Monumento Histórico Nacional –Decreto N°1110/97–.
  • 2014: Se sanciona la Ley N°27.009 –de autoría del Senador (MC) Samuel Cabanchik– que declara al inmueble “de utilidad pública y sujeto a expropiación, por su valor histórico y cultural”, y se procede a su expropiación.
  • 2018: En el mes de julio, el Congreso Nacional, a través de la Comisión Bicameral Administradora del Edificio del Molino, toma posesión del inmueble e inicia las tareas de recuperación.

@delmolinook / #lavueltadelmolino

Proyectos / Opinión

El siguiente texto fue solicitado para ser publicado en un magazine de videografía.  Lo reproduzco tal cual.

Cada cierta cantidad de días, trescientos o trescientos cincuenta, el entorno social se altera a un nivel sutil pero notable, y con ello comienzan los balances personales. Claro, me refiero a las vísperas de fin de año, a los festejos, a los excesos alimenticios, a las reuniones de “despedida” y a la locura del “compre ya lo que va a regalar mañana”. En lo personal, me parece una época interesante, pero nada mas que eso.

A mi alrededor suelo escuchar la frase “como se fue el año!”, resumen que suele significar “no se que estuve haciendo que perdí el tiempo y no pude dedicarme a lo que había planificado hacer”. Luego de recibir el consentimiento de los participantes, y de escuchar las opiniones de lo que podrían o debieron hacer, llega mi turno de opinar, y siempre digo lo mismo (no por llevar la contra en la conversación): “este año hice todo lo que quise hacer”. Frase que llena de dudas y reacciones varias, pero que a nadie deja indiferente.

No hago resúmenes anuales, no me interesan, pero en cada ocasión que se habla de eso, salgo conforme con lo que hice. Y sigo planificando!.

A los eventos voy con una lista mental sobre los planos o las situaciones que me gustaría grabar. Y lo hago. Durante ese tiempo me surgen ideas para el montaje y las anoto en una nota de keep de Google. Eso me ayudó también cuando escribí “Apuntes de un videógrafo”. Tomar notas debería ser un ejercicio al que cualquiera debería acostumbrarse. Permite volver el tiempo y recapitular. Y la gran ventaja es no perder el lugar mental que se requiere para recordar todo lo que se nos ocurre durante el día (algunas cosas geniales, y otras… no tanto).

No solo tomar notas o hacer listas es importante. También la concentración y abstracción es necesaria para llevar adelante el trabajo. Me explico: cada vez que me siento a bajar el material de un evento, me voy haciendo la idea que mi cabeza solo estará ocupada por el montaje del material. Y nada mas. El tiempo que me plantee estar editando será el tiempo en que mi cabeza estará “desconectada” de distracciones (redes sociales, mensajería, llamados, etc). De esa manera he llevado a cabo trabajos en menos tiempo del planificado.

Y en la vida real? (ese espacio donde interactuamos con otras personas y participamos de eventos sociales y actividades recreativas varias). Ese es el lugar donde se da lo mas importante. Ahí es donde podemos aprender a observar. Y ahí es donde se dan las cosas que podríamos agregar en la “lista de logros para el año en curso”. Llegar a ese tipo de espacios es lo que tendría que interesarnos. Tenemos que trabajar apuntando a eso: hacer deportes (caminar mucho, correr, participar de eventos deportivos, etc), concretar las ganas de escalar algún cerro o montaña, practicar algo distinto (bucear, pasar una noche al aire libre en un bosque oscuro, estar en la terraza de algún edificio muy alto, etc), hacer ese viaje largo en coche cruzando el país, visitar a la familia con mas frecuencia, y un largo etcétera que depende de cada uno.

Hay que animarse a tomar el control de lo que hacemos. Dejar de “ir con la masa”. Ambas frases están usadas hasta el hartazgo, pero son verdad. Cuando di el paso desde la videocámara a la cámara de fotos, sentí mucha inseguridad. Pero fue positivo porque entendí en carne propia que, de no hacer algo, habría seguido sumido en una zona de confort nociva para mi creatividad.

Por otro lado, siempre traté de usar el sonido ambiental. Me agrada y atrae mucho. Tanto es así que al viajar en auto, solo, apago la radio o lo que esté usando para reproducir música, bajo la ventanilla y me dejo llevar por los sonidos de la calle. Con el paso del tiempo ese recurso se convirtió en una especie de “distinción”, de la cual me dí cuenta durante una charla con la fotógrafa Paula Chiraulo. Cosas que pasan.

Y ahora, vos pensarás que tiene que ver todo esto con el principio del artículo, no?. Lo cierto es que cada logro, cada prueba, cada experiencia que recavemos, sirve para guiarnos en el camino que queremos tomar. Y cada camino elegido abre otro, y así hasta el infinito. Pero esto solo le sucede al que hace. Al que pudiendo elegir entre quedarse en el lugar o abrir la puerta y ver que hay detrás, elige esto último.

Hay que hacer cosas. Hay que probar lo que se nos ocurra. Y formarnos nuevos y sanos hábitos. Hay que cargar la agenda de cosas positivas que nos gratifiquen.

De esa manera, al finalizar el año y en ronda de amigos o colegas, cuando toque tu turno, no tendrás nada que lamentar, porque tus metas se renuevan día a día a medida que las vas cumpliendo y probando.

Ruben Pouquette / 11 de enero de 2018

Tren a las nubes / Relato / Serie fotográfica

Salimos de Salta Capital temprano, previendo llegar a las 11:30 de la mañana y poder abordar en la estación San Antonio de los Cobres, el tren turístico que nos llevaría hasta el Viadúcto la Polvorilla que circula sobre ramal C-14 del Ferrocarril General Manuel Belgrano, conocido como “Tren a las nubes“.

El trayecto, que realizamos en auto, fue de 167 km. por la ruta 51, que se encuentra asfaltada en casi su totalidad (hay tramos de ripio pero son de pocos metros y se encuentra bien cuidado).

El trayecto desde la estación San Antonio de los Cobres hasta la estación La Polvorilla dura aproximadamente una hora, y tiene dos paradas: una técnica en la cual desenganchan la locomotora del frente de la formación, y la colocan al final, de manera de poder contar con la potencia necesaria para hacer el resto del trayecto. Esta maniobra se realiza en una estación llamada “Mina Concordia”. Finalizada la maniobra, el viaje continúa hasta el viaducto, el cual transita hasta el final, detienen la formación, solicitan a los pasajeros que cambien de asientos, y retrocede hasta la estación La Polvorilla. El motivo es para que todos puedan contar con las fotografías del tren sobre el puente.

Una vez detenido el tren en la estación, se invita a descender, caminar en la feria y, porque no, llevarse unos lindos recuerdos hechos por artesanos, y compartir el izamineto de la bandera argentina en el punto mas alto de la estación.

El regreso estuvo marcado por la tranquilidad de la gente. Habiendo transitado hasta el final, y resistido la altura máxima (unos 4220 metros sobre el nivel del mar), el pesar de sufrir “apunamiento” (falta de adaptación del organismo a la falta de oxígeno producido por la altitud) fue reemplazado por siestas por donde alcanzaba a mirar.