Confitería del Molino – Noviembre de 2019

Volví a entrar al Molino casi un año después de la anterior visita. Es que por mí trabajo estoy muy cerca de la labor de restauración que se desarrolla día tras día en este hermoso y enorme edificio histórico.

En esta oportunidad pude documentar algunos objetos fuera de contexto y lugar, gente trabajando directamente en la restauración de algunos detalles, y sorprenderme con lo hermoso que quedó el vitral que se encuentran sobre el techo del salón principal del primer piso (cuya luz proviene del pulmón central del edificio).

Fotos, foto y fotos. En esta visita realice también fotografías en 360 grados para actualizar Street View y hacer algunos recorridos virtuales.

Salón central del primer piso

Habitaciones del primer piso, ala Rivadavia

Espero les haya gustado el post, gracias por acompañarme.

La Valtellina, un hallazgo en Los Molles (Mendoza)

No recuerdo de donde habíamos vuelto. Quizás fue la tarde después de haber viajado para conocer el olvidado Hotel termal El Sosneado, en la localidad del mismo nombre, en la Provincia de Mendoza. Eso me parece lo mas coherente. El tema es que teníamos hambre y nos fuimos para “el pueblo” en busca de una casa de té, cafetería, panadería, o algún lugar donde poder conseguir algo caliente.

Con frio, a pesar de la época del año, o quizás destemplados por haber intentado bañarnos en las frías aguas termales. Estábamos alojados en el “hotel (termal) Lahuen Co“. Pongo entre paréntesis lo de termal, porque en ningún lugar lo especifica y fue una grata sorpresa.

Volviendo al asunto: salimos del hotel y caminamos por la banquina y los costados de la ruta 222 con dirección al oeste, hasta el puente que se encuentra a la derecha que cruza el Río Salado, y se mete en el pueblo donde conviven exiliados de todo el país y originarios Mapuches. Caminando por esa calle, ya en dirección norte y durante la curva que describe hacia el noroeste, nos encontramos con un lugar que parecía cerrado. Primero nos lamentamos y, al acercarnos y tratar de entrar, descubrimos que había alguien dentro. Resultó ser el dueño, quien nos abrió y, a pesar de la hora, nos atendió como si fuéramos los primeros clientes (o familiares) que llegan al lugar.

Charlamos sobre nuestro viaje, las cosas que habíamos visto y lo que nos quedaba, y él nos contó un poco sobre su vida: oriundo de la ciudad de Haedo (Buenos Aires), viajó y trabajó en Italia, se enamoró de la gastronomía y, de vuelta en Argentina, recorrió y se asentó en este lugar, La Valtellina, no solo una casa de té y restaurante, sinó también un hotel de montaña.

La Valtellina / Frente del hotel

El lugar es acogedor, cálido y brinda buen reparo contra el clima. En invierno suele nevar y creería que el viento deber ser terrible.

La Valtellina / Salón principal

Las paredes se encuentran empeladas con mensajes que dejan quienes se acercaron al lugar. Es tradición. Conviven desde dibujos, mensajes escritos y cuadros con fotografías, hasta obsequios realizados por huéspedes y amigos.

El sitio web para conocer mas el lugar es http://lavaltellina.com.ar/ .

Viaje al Hotel termal El Sosneado, Mendoza / Relato / Fotos en 360°

Salimos de la ruta nacional 40 y tomamos la 220. Nuestro destino ese día era el tristemente célebre “Hotel termal El Sosneado”, abandonado hace muchísimos años, a unos 60 kilómetros de la ruta 40.

Esa mañana salimos muy temprano del hotel en Los Molles, después de desayunar y preparar el trayecto, claro. Nos esperaba una jornada tranquila, transitando una ruta desconocida pero de la que ya teníamos alguna referencia. Y una, particularmente, era nueva.

Resulta que el día anterior, apenas nos hospedamos para pasar la noche, aprovechamos la posibilidad de tomar un baño en las instalaciones termales que dispone. Luego de sufrir lo suficiente por el calor, nos recostamos en los asientos fuera de las piletas, y entablamos charla con una señora. Entre otras cosas nos contó que de pequeña solía ir junto a su familia, al hotel, para sumergirse en las aguas sulfurosas que ofrecía. Consultada sobre el camino, nos dijo que “hay que ir con una camioneta 4×4, sinó es imposible llegar”. Ella misma nos preguntó con que vehículo contábamos, a lo que respondimos “un VW Gol”. Puso cara de preocupada y nos reiteró la gravedad del camino.

La ruta 220 tiene un extremo en la ruta nacional 40. Como punto de referencia se podría dar la estación de servicio que se encuentra ahí, y que cuenta con quiosco para proveerse de cosas para el viaje.

Al principio la ruta es de ripio, o “piedritas”, prolijamente apisonado con alguna frecuencia. El primer tramo hacía el hotel no es muy distinto. Si habría que tener cuidado si en días posteriores llovió, ya que algunas huellas pueden ser mas profundas de lo que parecieran.

A medida que se avanza en el camino, la ruta se hace mas agreste. Hay tramos en los cuales se puede ir a una velocidad moderada, y otros en los que es muy necesario ir despacio. Suele haber piedras muy grandes en casi todo el camino. Hay trayectos con agua proveniente de algún manantial que brota tímidamente. En algunos lugares esa agua se encuentra acumulada y es necesario pasar a velocidad constante.

Unos kilómetros antes de llegar creímos que tendríamos que volver: el camino se encontraba totalmente abnegado por agua que parecía ser el desborde de un ría, o el efluente de algún gran manantial. De la nada salió una camioneta que lo sorteó sin problemas. Según lo que pudimos notar, no fue mucho lo que se hundieron sus ruedas, así que nos arriesgamos.

Y luego otra vez.

Y quizás otra.

Y finalmente llegamos.


Frente del hotel


Planta alta del hotel


Pileta termal alta


Escalera central del hotel


Patio central


Pileta principal


Mas información: