Sobre la edad y el sonido / Opinión

El siguiente texto fue solicitado para ser publicado en un magazine de videografía.  Lo reproduzco tal cual.

Al llegar la presbicia, a edades avanzadas, o si hemos sido cortos de vista durante toda la vida, la capacidad de percibir el mundo visualmente, se acota. Esto sumado a la experiencia, nos hace darnos cuenta gradualmente que no solo se trata de ver, sinó también de escuchar. Y de no tomar demasiado partido en las cosas que suceden y se desenvuelven ante nosotros, dejarnos sorprender sin mas, tomando acción solo si la situación nos lo pide.

Extrapolando, mis primeras historias, debo confesarlo, eran forzadas y carecían de naturalidad, regadas con música ‘industrial’ y trillada.

Gradualmente empecé a dejar cosas en desuso, no hablo en general, sinó en particular. Mis historias se empezaron a desarrollar solas. No porque haya dejado de poner atención, sinó porque, al dejar de ’empujar’, las situaciones se sucedían a su tiempo y solas empezaban a aparecer.

Imaginar, después de estos hallazgos, el tener que volver a pedirle a un novio que abrace a un invitado importante, me parecía casi trágico. En cambio de eso, estando atento, el momento aparecía solo. O no. Pero algo aparecía, y yo podía grabarlo. Y mentalmente ya lo acomodaba en los planes de montaje del video final.

Como fui de la generación que creció al sol de la MTV y demás canales de música, al tener una cámara me tentaba enfocar y mover el zoom como loco. Afortunadamente me saqué las ganas en los videos familiares, por lo que mis clientes no fueron los que sintieron mareos al visualizar la edición terminada.

Gracias al consejo de amigos y colegas, y cine (mucho cine) de por medio, me fui convenciendo que lo que mas se adecuaba a la narración que quería hacer, eran los planos estáticos donde las cosas suceden. Así, sin mas. Claro que esto requería que tuviera paciencia y grabar desde la misma posición, sin moverme. El ejercicio en si no era aprender en que momento grabar, sinó superar mi ansiedad de esperar que ‘todo suceda ya’. Puedo afirmar que mi nivel de tranquilidad es mucho mas alto hoy que hace años cuando empecé con los sociales.

Y el sonido!, que postegación terrible hice!. Hoy en día suelo repetir hasta el cansancio ‘escuchar el cine con el volumen alto para poder apreciar las sutilezas del trabajo hecho’. Es hermoso escuchar el sonido de los pasos y el agua cayendo gota a gota a otro ritmo, mientras todo permanece en absoluto silencio, en películas de género. Soy capaz de postergar una visualización solo por ese motivo. Y llegar a mi casa y ponerme a ver la película solo, con los auriculares puestos.

Hoy en día suelo mezclar el audio de varias fuentes. Por un lado el micrófono que uso en la cámara, y por el otro un grabador externo ubicado convenientemente cerca del motivo a grabar. Después es todo trabajo de montaje.

La síntesis sería: tener paciencia, ubicar y encender los micrófonos, componer el cuadro, darle al botón de REC y esperar a que termine lo que sea que suceda. Y cuando termine y estemos a punto de detener la grabación, no mover la cámara y esperar un poco mas. Siempre pasa algo. Siempre.

Total, el costo es el mismo, gigas mas o gigas menos. Todo sea por tener una historia mas.

Y poder comprar un par de anteojos nuevos.

Cambiar (otro) paradigma: los detalles / Montaje

Y a pesar de repetir y declarar que “todo evento es único”, cuando llegaba el momento de bajar el material para empezar a editarlo, me encontraba, entre otras cosas, con lo de siempre: maquillaje, zapatos, vestidos, sacos, corbatas o moños, manos ayudando… pero: donde estaban los detalles que convertían en único a ese evento?. Porque todos podemos tener algo de eso que vemos, o los zapatos, o el moño o corbata, o tiradores o saco…

Me dí cuenta, no por deducción propia debo reconocer, que los detalles que debía buscar eran las voces, o los tics de la gente. Eso es, en última instancia, lo primero que se pierde, se borra o a lo cual nos acostumbramos tanto que, cuando faltan, nos damos cuenta del vacío que nos ha dejado esa persona a quien correspondía.

Entonces, cambiar de paradigma nuevamente. Y cambiar para bien. Dejar un poco de lado los detalles “de consumo”, en pos de capturar los detalles mas personales como las conductas, o la manera de hablar, por ejemplo.

Alejandro Calore (www.realnshort.com) escribío cierta conversación alguna vez, durante el maravilloso 29 de septiembre del 2016:

Hace un tiempo sostuve una interesante conversación con la esposa de un videógrafo sobre la cinematografía de bodas. Fue una lección de sentido común que aún me hace reflexionar.

Ella decía:

“… a mi no me interesa ver cuando maquillan a la novia, o cuando el novio se pone el saco, o se lustra los zapatos. Yo quiero escuchar la voz del papá de la novia, ver a la abuela caminando con dificultad, ver los portarretratos con fotos familiares.

Estoy cansada de ver siempre las mismas cosas anónimas en todos los matrimonios. ¿Quién inventó esa moda? Es como si ustedes trabajaran para una Empresa de stock de Imágenes”.

Simple y claro.

Da mucho en que pensar.